Por: Daniel Adrián Ortiz Macarena
Hacia el mes de septiembre de 1562 se reportó el fallecimiento de don Antonio Huitziméngari, a causa de una enfermedad que le tuvo postrado en cama y que durante sus últimos días le llevaron a protagonizar su desencuentro final con el obispo don Vasco de Quiroga. La causa de ello un muro que el obispo le solicitaba para sobre esos terrenos levantar lo que años después sería el convento de los jesuitas.
Don Antonio Huitziméngari, sin embargo, se negó defendiendo que era la herencia para su hijo, ese legado que buscó transmitir a su único heredero legal, a quien seguramente veía como el siguiente en gobernar. De esta manera, para el mes de octubre tenemos la confirmación que ya había fallecido don Antonio Huitziméngari y lo que siguió a continuación marcó el destino del gobierno indio de la provincia de Michoacán.
Quien debía suceder al mando era un infante de alrededor de cuatro años, don Pablo Guzmán Huitziméngari, el único hijo engendrado con su esposa doña María Marvaquetscu, mujer noble indígena de Pátzcuaro y heredera de una parte del antiguo patrimonio del linaje y el resto recayó en su joven hijo. El infante Pablo pasó al cuidado de los albaceas de su padre, el primero de ellos un sobrino político suyo, Pedro de Abrego, esposo de su sobrina doña Beatriz de Castilleja, biznieta del cazonci por la línea familiar establecida en Ihuatzio. Con el otro albacea, Cristóbal López, se nombró a don Alonso Gómez como el primer tutor del joven heredero de don Antonio.
No queda claro los motivos para que don Alonso dejará de serlo y sustituido por Cristóbal López, quien a su vez se robó algunas propiedad del joven Pablo y abuso de su posesión; por lo que al final sólo Pedro de Abrego quedó como el tercer tutor. Mientras los problemas entre los encargados de cuidar al heredero no se terminaban de resolver, el cargo político de don Antonio Huitziméngari, el de gobernador indio de la ciudad y provincia de Michoacán quedó vacante y esto provocó otros conflictos.
Además de don Pablo, don Antonio Huitziméngari tuvo varios hijos fuera del matrimonio, la mayoría de ellos nacieron varios años antes que el propio don Pablo, por lo que para 1562, cumpliendo el requisito de la edad, don Juan Bautista Huitziméngari reclamó sus derechos como hijo mayor y pretendió ser el próximo gobernador indio de la ciudad y provincia de Michoacán. Hasta cierto punto, este reclamo se sustentó en que fue reconocido como hijo por parte de don Antonio, lo mismo que sus otros medios hermanos pese a ser hijos naturales.
Desde luego los tutores del joven Pablo no vieron con agrado esta situación y no respaldaron sus reclamos. Pedro de Abrego al ser español por obvias razones no podía suceder a don Antonio y por su minoría de edad don Pablo tardaría once años más en poder acceder a esta parte de su herencia. Para este momento, doña María Marvaquetscu contrajo segundas nupcias con don Juan Purúata, un noble indígena principal de Zurumucapio y como padrastro seguramente gobernó de facto a nombre de su hijastro.
Ante la controversia y el desacuerdo entre los dos bandos, de manera oficial el cargo quedó vacante hasta que su heredero legalmente reconocido lo pudiese ejercer. Está fue la disposición de las autoridades virreinales, por lo que los reclamos de los hijos ilegítimos fueron desatendidos.
Don Juan Bautista dejó la ciudad de Pátzcuaro y se trasladó a Tzintzuntzan, en donde pudo hacer valer la posesión de unas tierras del antiguo patrimonio como una herencia dejada por su padre y para legitimar su dominio recibió el apoyo de los terrazgueros que las trabajaban. Podemos pensar que fue una estrategia por parte de las autoridades para calmar las tensiones con don Juan Bautista Huitziméngari.
De esta forma, entre 1562-1573, el cargo de gobernador indio de la ciudad y provincia de Michoacán quedó vacante y se aprovechó para mermar la autoridad que le correspondería ejercer al joven Pablo, debido que paso de tener una presencia política a nivel provincia se vio reducido al cabildo indio de Pátzcuaro. Desapareciendo una forma de gobierno indio heredado de la tradición prehispánica y dando los pasos para consolidar la República de indios de Pátzcuaro como un poder local.
El cargo de gobernador indio de la ciudad y provincia de Michoacán es de los pocos casos reconocidos en el mundo hispánico en el que sus encargados ejercieron su autoridad a nivel provincia, casi guardando sus dimensiones territoriales con el antiguo dominio prehispánico. Por lo que el fallecimiento de don Antonio y el conflicto sucesorio fueron aprovechados por las autoridades para limitar la jurisdicción política del linaje heredero de los gobernantes del Tzintzuntzan Irechequa.
Lo que no pudieron limitar fue su prestigio social, puesto que este se reflejó por varias décadas más en la memoria de aquellos pueblos que alguna vez estuvieron sometidos al poderío de los señores de Tzintzuntzan. Así mismo, aún entrado el siglo XVII, los descendientes del linaje Uacúsecha que pudieron acceder al cargo de gobernador indio de Pátzcuaro (Ciudad de Michoacán), pese a sólo ejercer su mando político local, se seguían denominando a si mismo como gobernadores indios de la ciudad y provincia de Michoacán.
Definitivamente, destruir la memoria y la idea de lo que alguna vez fue el Tzintzuntzan Irechequa no resultó en algo que sucedió de un momento a otro, tomó décadas para que los españoles pudieran consolidar su institución de gobierno indio concebido por sus leyes en sustitución de las antiguas estructuras políticas prehispánicas que no necesariamente desaparecieron, sino que simplemente fueron asimiladas y, con el tiempo, pese a tener un rostro virreinal en el fondo aún hay elementos de ese mundo prehispánico.
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Atenea Acevedo, traductora, Zamora, Mich., El Colegio de Michoacán, 2020.


