Por: Eloy Oswaldo Perez Carrera
Lo que muchos no esperaban ocurrió: la CNTE llevó la jornada nacional de lucha hasta el escenario de mayor exposición mediática y política, demostrando que la dignidad de los trabajadores no se compra ni se negocia.
Más de cincuenta organizaciones y sindicatos independientes marcharon juntos, enviando un mensaje claro: la lucha de los trabajadores sigue viva y encuentra fuerza en la unidad, la organización y la solidaridad.
El verdadero triunfo no se mide en trofeos ni en estadios. Se mide en la capacidad de mantener la organización, la conciencia y la movilización frente a quienes apostaban por el desgaste, la división y la desmovilización.
Los líderes podrán venderse, los representantes podrán claudicar, algunos podrán cambiar principios por privilegios, pero hay algo que no pueden comprar: la conciencia de miles de trabajadoras y trabajadores libres.
Porque antes que militantes, dirigentes o representantes, somos seres humanos con dignidad. Y todo hombre y toda mujer tienen un valor que no se mide en cargos, prebendas o acuerdos de cúpula.
También quedó al descubierto la distancia entre las promesas de campaña y las respuestas a las demandas históricas de los trabajadores. Miles de maestras y maestros han comenzado a cuestionar a quienes ofrecieron cambios profundos y hoy mantienen sin solución problemas centrales como las pensiones, la seguridad social y las condiciones laborales.
La jornada deja una lección: la fuerza de la CNTE no está en sus dirigentes, sino en la conciencia organizada de sus bases.
¡Viva la CNTE!
¡Viva la lucha popular y magisterial!
¡Hasta la solución de las demandas centrales de los trabajadores!


